miércoles, 30 de julio de 2008

Por un beso


El domingo conocí a un renacuajo. después de cinco minutos, nos hicimos amigos. Me dijo su nombre, me senté a su lado y esperé. Esperé creyendo, como siempre, que pasaría lo esperado, que se convertiría en rana, luego me besaría y como por arte de magia, aparecería mi príncipe azul...
El renacuajo sigue en su charca, y yo conmigo misma  y con mi vida.
Conclusión: no beses nunca a un renacuajo, sabe mal.

No hay comentarios: