
Una hora de calentamiento. Pierdo la cuenta de las abdominales, las flexiones y los intentos de abrir las piernas, sin connotaciones sexuales, se entiende. Magnesio en las manos y, arriba! Me siento en el trapecio e intento no pensar en nada más que en mi cuerpo. Me duele todo, manos, pies, tobillos, ingles, pero no me quejo. Me concentro otra vez; ahora en mi respiración, en el final de mis piernas y en controlar hasta el último músculo. Y por fin, vuelo!
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