
No sólo se han acabado las vacaciones sino que además la forma de empezar con la rutina ha sido de lo más trágico, y no es exagero. En unos días cumplo 28 que suenan a 30, garganta profunda por las anginas, en el trabajo me quedo muda con ganas de gritar, mamá me descubre historias de mi familia dignas de ser guionadas por el mismísimo J.J. Abrams y en breve, seguro, empiezo a usar un consolador a pilas.